Pasear con elegancia y esplendor disfrutando de la brisa del mar

Elegante y orgullosa Santander sigue siendo una de las ciudades más esplendorosas de España y Europa, donde hacer las cosas bien significa hacerlas bonitas, sabrosas, divertidas y apasionantes. Por eso, el rey Alfonso XIII y resto de su corte veranearon en Santander durante casi 20 años. Disfrutaban de los baños de olas, regatas y jugaban asiduamente al polo y al croquet.

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Puertochico conserva el espíritu marinero lleno de orgullo. A través de la maravillosa escultura de los raqueros asomándose al muelle, el Real Club Náutico de Santander y el trasiego elegante y tranquilo de los barcos que esperan en el puerto a desplegar sus velas para disfrutar de la mar. Miembros del Club han vuelto con orgullo de aventuras olímpicas con medallas colgadas al cuello. Puertochico es conocido como “el último reducto de los mareantes” según el cronista santanderino José Simón Cabarga.

Gonzalo Bringas Vega, autor cántabro de las mejoras obras de Santander como El Palacio de la Magdalena de Santander y el majestuoso Edificio Castelar, siempre elegante, orgulloso, decorado con equilibrio y asomado al Paseo Marítimo, a Puertochico y al Mar Cantábrico.

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Castelar se construye en los felices años veinte y es una referencia para imaginar el Santander más esplendoroso. Cien años después, el Edificio Castelar cumple a la perfección con su objetivo: desta‐ car, presumir y robar miradas a quienes pasean a su alrededor. Además, el Edificio Castelar regala vistas únicas, comodidad y funcionalidad a aquellos que se albergan en su interior.

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